
me abrazabas temblando, yo tu cuerpo
besaba.
Retozando en los muebles no dejamos ilesos,
me llevaste a tu cuarto que a oscuras estaba.
Toda dulce, amorosa me llevaste a la cama:
esa playa nevada donde guardas pasiones
y consumes gemidos al vaivén de la llama
cual tormenta que entonas en amadas canciones.
Como diosa imbatible te elevaste en mi cielo.
Me dijiste: “Mi amor en seguida regreso¨.
Te alejaste sonriendo tras un sol caramelo
y volaste surcando un fulgor de embeleso.
Mis latidos volvían al normal palpitar
en la espera amorosa del que está enamorado
y un sonido espantoso emitió el celular
que en la mesa de noche tu dejaste olvidado
A mi mente llegaron unos buitres de celos
al mirar que un mensaje te había llegado.
Mi entereza de macho terminó por los suelos:
“Algún tipo - pensaba - debe habértelo enviado”.
Secuestré el aparato y busqué la manera
de leer ese texto y quedé sorprendido
regresaste y me viste como mira una fiera
cuando encuentra una presa, cuando no ha comido.
Yo no tuve palabras, yo todo un personaje,
yo que he escrito mil versos me callé en mi partida
pues mi ser repetía las del tierno mensaje:
“Muy feliz cumpleaños, hermanita querida”.

Retozando en los muebles no dejamos ilesos,
me llevaste a tu cuarto que a oscuras estaba.
Toda dulce, amorosa me llevaste a la cama:
esa playa nevada donde guardas pasiones
y consumes gemidos al vaivén de la llama
cual tormenta que entonas en amadas canciones.
Como diosa imbatible te elevaste en mi cielo.
Me dijiste: “Mi amor en seguida regreso¨.
Te alejaste sonriendo tras un sol caramelo
y volaste surcando un fulgor de embeleso.
Mis latidos volvían al normal palpitar
en la espera amorosa del que está enamorado
y un sonido espantoso emitió el celular
que en la mesa de noche tu dejaste olvidado
A mi mente llegaron unos buitres de celos
al mirar que un mensaje te había llegado.
Mi entereza de macho terminó por los suelos:
“Algún tipo - pensaba - debe habértelo enviado”.
Secuestré el aparato y busqué la manera
de leer ese texto y quedé sorprendido
regresaste y me viste como mira una fiera
cuando encuentra una presa, cuando no ha comido.
Yo no tuve palabras, yo todo un personaje,
yo que he escrito mil versos me callé en mi partida
pues mi ser repetía las del tierno mensaje:
“Muy feliz cumpleaños, hermanita querida”.

Again, both surrendered in kisses,
you held me trembling, I kissed your body.
Frolicking on the furniture, nothing left unscathed,
you led me to your room, shrouded in darkness.
All sweet, all loving, you took me to bed:
that snowy shore where passions are kept,
where moans are consumed in the sway of the flame,
like a storm you intone in beloved songs.
As an invincible goddess you rose in my sky.
You whispered: “My love, I’ll be right back.”
You walked away smiling beneath a caramel sun,
and flew across a glow of enchantment.
My heartbeat returned to its steady rhythm,
in the tender wait of one who is in love,
when a dreadful sound burst from the cell phone
you had left forgotten upon the nightstand.
Vultures of jealousy invaded my mind
at the sight of a message that had arrived.
My manly resolve collapsed to the ground:
“Some guy,” I thought, “must have sent it to you.”
I seized the device and sought a way
to read that text—and I was astonished.
You returned and looked at me like a beast
that finds its prey after starving too long.
I had no words, I, a character undone,
I, who have written a thousand verses, fell silent,
for my being repeated the tender message:
“Happy birthday, dearest little sister.”














